lunes, 22 de febrero de 2010

Ver llover

Un rayo a lo lejos ilumina la tormenta.

Llueve, ha llovido y lloverá.
Así, todo el día hoy y mañana.

La gente hace ya tiempo que se esfumó.
No se moja.
El viento ulula.
La lluvia se revuelve en el aire.
El agua se precipita al desagüe.

Lo de siempre cuando llueve.

Se notan en los charcos las ondas de las gotas y en el piso los reflejos de las luces de coches y edificios.

Miles de gotas que caen del cielo, se estampan contra la estrechez de la cuerda de un tendedero.
Nunca llegarán al suelo.
Que destino tan probabilísticamente más jodido.

Lo de siempre cuando llueve.

El viento mece con fuerza las ramas secas.
Las despeluca.
Una hoja muerta se aferra al tallo que le diera vida.
Así es la vida, tan lleno de muertos aferrados a sus vidas.

Un pájaro pequeño encuentra cobijo bajo un alero.
Otro pájaro grandote llega y lo saca a picotazos.
Vuela el pequeño,se queda el grandote.
Así es la vida, tan llena de pájaros ojetes y grandotes.

Una gota busca a duras penas su rumbo camino abajo por el vidrio de la ventana.
Va dejando en hilera su prole de gotitas hijas.
Otra gota gorda sigue sus pasos engulléndolas.
Corre más rápido y llega pronto a su destino, sin dejar rastro.
Así es la vida, tan llena de gotas gordas y oportunistas.

Lo de siempre en esta vida cuando llueve.

Llueve, ha llovido y lloverá.
Así, todo el día hoy y mañana.
Como siempre...

...y mi hijo de un año voltea y ve extrañado a través de la ventana.
Y mi hijo y se asusta y se emociona y mi hijo se entusiasma y señala y mi hijo se asombra y brinca y aplaude y ríe… para él no valen las hojas muertas, ni el destino, ni lo efímero, ni las gotas gordas ni los pájaros ojetes... porque para él no hay siempres, todavía.

Que cosas, ya había olvidado lo que es ver llover con la frente y las manos apoyadas sobre el cristal de una ventana…

martes, 9 de febrero de 2010

Es verdad

...esta historia.

Es pobre.
Es ignorante.
Es honrada.
Desde hace poco,es viuda.

No puede mantener ni a su madre ni a sus hijos.
Son muchos.
Busca trabajo en su pueblo.
No hay.
No para ella.
Se va a la capital.
Tampoco encuentra.
Mal vive, mal gana, mal come, mal duerme.
Llora mucho, desesperada.

Conoce a alguien.
Le propone un trabajo en el extranjero: pasaporte, papeles, contrato, Europa, trescientos euros mensuales, un año, billetes de ida y vuelta.
Acepta ilusionada.
Revela sus datos. Firma papeles.
Recibe un préstamo. Lo envía a su pueblo.
Está endeudada.
El embaucador lo sabe.
Ahora ya lo sabe.
Ya sabe donde viven.
No hay vuelta atrás.
Nada de avisos. Nada de señas.
La ha amenazado con lastimar a su familia.

La obliga. La amenaza.
Se la lleva a Sudamérica.
La entrega a la mafia.
Le quitan el pasaporte.
La meten en un “hotel”.
Nada de avisos. Nada de señas.
Le dan instrucciones.
Se mete unos paquetitos en el estómago.
No le queda otra.
Firmó papeles, está endeudada.
La han amenazado con lastimar a su familia.
No le queda de otra, a pesar de que el tráfico de drogas en su país es castigado con la pena de muerte.
No le queda otra, por su familia.
Le dan unos billetes.
Le dan un pasaporte falso.
Toma un avión.
Alguien da el aviso.
Un infiltrado.
Esta señalada.

Llega a Madrid.
Pasa por la aduana, pasa por rayos x, la detienen, pasa por la comisaría, pasa por prisión cautelar, pasa mucho miedo, mucha soledad.
No conoce a nadie. Le asignan a un abogado de oficio. No entiende nada.
Renuncia a llamar al consulado, por miedo a la pena de muerte.

La llevan a prisión.
Le asignan una celda compartida. Es pequeña pero está limpia.
Le dan ropa, comida, agua caliente, jabón, toallas, una cama limpia.
La asignan a fregar y a limpiar los pisos.
No entiende. Esta sola. Llora mucho.
No llama a su familia, no llama a nadie.
Llora, llora mucho.

Los tiempos van despacio.
Pasa un año. Pasa el juicio.
La condenan a 15 años de cárcel por delitos contra la salud y le asignan a una trabajadora social.
En la prisión, le enseñan a planchar la ropa de la lavandería.
Le pagan por ello.
Políticas de reinserción, les llaman.
Pasa más de seis meses en su celda, en su prisión, con sus rutinas, ahorrando su dinero.
No entiende nada; pero ya no se siente tan desolada.
Sigue sin saber de su familia, por vergüenza, por pena, por miedo.
Se va acostumbrando.
Llora menos.

A los dos años largos en prisión, la trasladan a otra penitenciaría.
No conoce a nadie, no importa. Está tranquila. Se ha acostumbrado.
La asignan a una nueva celda compartida, no mejor que la otra, pero igual de limpia.
Le dan ropa, comida, agua caliente, jabón, toallas, una cama limpia.
Le asignan una rutina diaria.
Ya no llora. Trabaja y gana dinero, lo manda a su familia.

Conoce a una paisana. Es nueva.
Pide hablar con la trabajadora social.
La cambian a otra celda, con la paisana.
Ya tiene con quién platicar. La aconseja, la ayuda.

Aprende a trabajar el pan.
Trabaja en la panadería y en la lavandería de la prisión.
Empieza a ganar 100 euros al mes.
Le permiten tener un día de descanso.
Puede jugar volibol en el patio.
Puede ir al cine de la prisión.
Puede escribir cartas y recibir paquetes.
Tiene un médico si se enferma.
Ya no llora.

Lleva seis años encarcelada.
Ya aprendió a hablar español.
Ya aprendió también a cocinar.
Su amiga le enseñó a dar masajes.
Da masajes a las otras reclusas.
Ahora gana unos 250 euros al mes.
Los manda íntegros a su mamá.
Desde esta prisión a 20 000 kms. de distancia, mantiene a sus hijos y a su madre.
Le faltan cuatro años para terminar de pagar un pequeño departamento en su pueblo natal.
Para su mamá ella es libre y trabaja en España, se siente orgullosa de su hija.
Sus hijos la respetan, la admiran, la quieren.
Lleva seis años en la cárcel.
Ya ha pagado también la deuda al embaucador.
Lleva seis años en la cárcel.
A veces ríe.

Ha pasado un año.
Hoy cumple su séptimo año de prisión.
Está triste.
Muy triste.
Ha recibido una noticia.
Lleva siete años en la cárcel y le faltan ocho para salir.
Está muy triste.
El Gobierno ha dicho que ya no hay lugar en las cárceles. Necesitan más espacio para los reclusos nacionales.
Esta triste, muy triste.
Los reclusos extranjeros con condenas largas, podrían ser repatriados a los tres años de sentencia cumplida, para que terminen de cumplirla en su país.
Es su caso.
Está muy triste.
Quiere terminar de pagar su piso. Le faltan cuatro años.
Sólo cuatro años.
Quiere seguir trabajando en la prisión ocho años más, para ahorrarlo todo.
Ocho años...para ahorrarlo todo.
Está en verdad muy triste.
El gobierno quiere mandarla a cumplir el resto de su condena a su país.
En su país el tráfico de drogas se castiga con la muerte.
No quiere regresar.
Quiere seguir manteniendo a sus hijos y a su madre.
No quiere dejarlos desamparados.
Quiere terminar de pagar su piso y ahorrar.
Quiere terminar de cumplir su condena aquí.
No quiere regresar.
No quiere regresar.
No quiere salir de prisión.

lunes, 1 de febrero de 2010

Confesiones

Yo confieso:

Que prefiero el transporte público al coche.
Que no leo los horóscopos.
Que no me gusta la comida rápida.
Que no uso ropa de marca.
Que me da urticaria ponerme encima algo que cueste más de 100 euros.
Que no me llaman la atención las conversaciones sobre coches.
Que no me llama la atención la última moda.
Que me gusta usar traje pero no corbata.
Que no he leído libro alguno, ni visto ninguna película de Harry Potter.
Que no he visto ni un sólo episodio ni de "Perdidos" ni de "Supervivientes".
Que no he visto ni un sólo episodio de "Bones".
Que no he visto las últimas 5 películas de Walt Disney.
Que no me acuerdo de los nombres de los protagonistas de las películas.
Que no he visto "Avatar" ni en 3D ni en 2D.
Que no he ido al cine en año y medio o más.
Que no soy cinéfilo, pues.

Que mi teléfono celular (móvil) no tiene cámara digital.
Que tampoco tiene conexión a internet.
Que no tiene bluetooth, ni juegos, ni nada.
Que lo uso poco tirando al olvido.
Que la última vez que lo recargué fue el año pasado, en septiembre, creo.
Que sólo lo uso como despertador y para recibir las llamadas de mi esposa y de los que tienen mi número.
Que no soporto conversaciónes telefónicas de más de 5 minutos.
Que no he jugado a la Wii, ni a Nintendo, ni a nada enchufado a la TV.
Que en música, los grupos y los cantantes actuales, me suenan a mercadotecnia pentatónica.
Que me aburren por repetidos.
Que me gusta el cha-cha-cha, el mambo, el blues, el jazz, el bossa nova, las grandes bandas, el dixie, el tango, los pasos dobles y las cumbias.
Que no me gustan las rancheras del macho llorando en la cantina porque lo dejó su "paloma querida", nomás porque le pegaba "poquito" cada vez que llegaba borracho a su casa.
Que no acepto que una "paloma querida" justifique las golpizas que le zurraja de madrugada su macho borracho.
Que no me gustan los albures extremadamente prosaícos.
Que reconozco que me divierten los ingeniosos.
Que no sé porque se ríe la gente de los chistes que cuento.
Que me da asco bañarme en piscinas y albercas.
Que no me drogo.

Que no tengo ipod.
Que no tengo MP3, Ni MP4 ni p2 de esos.
Que no he comprado un CD de música desde hace dos años.
Que no me acuerdo de mi clave para entrar en facebook.
Que ni entro porque me da hueva.
Que a internet me conecto sólo en el trabajo.
Que me da hueva messenger.
Que uso Wikipedia.
Que Joseph " Benedicto XVI, el Papa" Natzinger me produce repulsión y repugnancia.
Que no confío en los medios de comunicación, ni en los bancos, ni en los gobiernos, ni en los ejércitos, ni en los representantes religiosos, ni en las trasnacionales.
Que no creo en los sacrificios económico-sociales como ofrenda para mantener contentos a los dioses del oligopolio.
Que de azteca no tengo nada.
Que no pertenezco a ninguna tribu urbana.
Que no me he tatuado, ni perforado ninguna parte de mi cuerpo.

Que pagar 1 500 euros por un vino tinto, me parece de mal gusto.
Que no como comida fusión deconstruída de alta cocina, porque soy incapaz de encontrarla en los platos si no me ponen una lupa junto al tenedor.
Que no encuentro diferencias entre Lady GaGa y Paris Hilton.
Que confundo a Al Pacino con Robert de Niro y a Bush con Aznar.
Que me sería imposible confundir a mis Pumas con el Real Madrid.

Que no soy homófobo, ni racista, ni fundamentalista.
Que creo en las relaciones de pareja respetuosas, complementarias y divertidas, más bien horizontales.

Que hoy en día, evidentemente, no tengo tema de conversación, ni resulto interesante.
Que nada de lo anterior me quita el sueño, ni tengo remordimientos, ni me siento solo, ni excluído, ni discriminado.

Que este año celebro mi cincuentenario.
Que estoy muy feliz y contento por eso.

Dicho.
Venga la sentencia.

miércoles, 20 de enero de 2010

Para hablar de la tragedia

Una tragedia, en su sentido clásico, debe tener un protagonista bueno y valeroso que después de luchar contra toda adversidad, se da cuenta que no puede cambiar su destino. Un protagonista, que persiguiendo una causa noble, cae abatido por su propia naturaleza, aún habiendo cambiado para bien el destino y las circunstancias de los demás.

En el estilo clásico, después de leer una larga historia, nos encontramos que la tragedia no tiene final feliz.

Hoy en día, hablar de tragedias no está bien visto, a menos que se cambie el estilo clásico y se siga el estilo gringo, en donde la tragedia siempre tiene final feliz gracias al poder del amor que todo lo cambia y todo lo puede.

Hablamos del amor al dinero, claro está.

Antes, las tragedias tenían su encanto, porque dejaban ver las contradicciónes internas del protagonista, sus dudas, su nobleza, su voluntad y la convicción de mantener sus valores en la lucha frente a la adversidad. Todo este escenario terminaba haciéndolo grande aún en su derrota final, pues el portagonsita lograba dar trascendencia a sus valores. Hoy, como en este mundo no hay cabida para los perdedores por honorables que sean, las tragedias son lectura basura.

En la actualidad, para que las tragedias llamen la atención, deben ser cercanas en tiempo y en espacio. Una tragedia debe ser intempestiva, súbita, sorprendente e inesperada. Hoy en día, si las tragedias van cargadas de cierto sufrimiento ajeno y algún sentido morboso, con el que nos sintamos conmovidos, funcionan de maravilla.

Una tragedia debe ser un evento de narración corta, impactante, en donde el protagonista se salve y venza. En la tragedia actual, siempre es necesario que se atisbe un halo de esperanza sanadora propia de un vencedor; si no, es basura, nadie la lee.

¿No me creen? Háganse ustedes mismos la prueba.

Aquí tienen dos ejemplos de tragedias.

Ejemplo 1, versión moderna:

Muerte, dolor y caos en Haití.

70 000 muertos, 200 000 heridos, 3 000 000 de afectados tras un terremoto de 7.5 grados.

Varias ciudades totalmente destruidas.

El Gobierno, sin infraestructuras y precario, esta desbordado. La policía incapaz de poner ningún orden.

Aún permanecen cientos de miles de personas bajo los escombros.

Sin hospitales, ni agua potable, miles de cadáveres se amontonan en las calles de Puerto Príncipe.

El aeropuerto colapsado, las vías de comunicación interrumpidas. Las telecomunicaciones nulas.

Se teme que la población muera por epidemias. El 80% de 7.5 millones de haitianos vive en la miseria, sin luz, sin agua, sin alimentos, sin desagüe.

La violencia por falta de comida y desesperación deja las primeras víctimas en Haití.

Impera la ley del más fuerte.

Caos y catástrofe por do quier, aún así surge la luz de la esperanza: una niña de 2 años es rescatada después de estar sepultada 7 días entre los escombros.

La ayuda Internacional no se hace esperar. EUA destina cien millones de dólares y manda 10 000 soldados a la zona para reestablecer el orden y ayudar a los damnificados. Va en camino un portaaviones y un barco hospital con doce quirófanos. La Unión Europea destina 200 millones de euros para su ayuda y envía otro barco hospital. La ONU autoriza el envío de otros 3000 policías.

La comunidad internacional se vuelca en auxilio de este pobre país. Deportistas, toreros, artistas, músicos todos destinan parte de sus ganancias a la causa por Haití.

La ayuda internacional empieza a llegar poco a poco.

“ Después de que pase todo esto. No se olviden a Haití,” clama el condolido Presidente de este país caribeño.

El FMI promete el préstamo de 100 millones de dólares sin intereses, y propone un plan Marshall de reconstrucción a futuro para Haití: "Estamos trabajando para tratar de eliminar la deuda de Haití". Según se informó en la web de la organización.

El mundo se une por la reconstrucción de Haití.

Ahora el ejemplo 2, la versión clásica (ya saben, es larga y de final triste. Ojalá y se animen a leerla):

Antes de 1492, la segunda isla por tamaño en el Caribe, con sus dos penínsulas y un golfo en su parte oeste, no dejaba de ser azotada por los huracanes y ciclones durante la estación de lluvias. Tropical en las costas y fría en las montañas, con un gran lago de agua salada y cuatro planicies entre las montañas, sin ríos navegables, tampoco se salvaba de sufrir terremotos. Era tierra fértil para el cultivo y contaba con abundante madera y oro. Lo que sabían bien el medio millón de habitantes que la poblaban entonces, tres etnias- arawak, caribe y taínos- gobernadas por 5 caciques.

El 5 de diciembre de 1492, Colón bautizó a esta isla como la Española. Días después, construyó El Fuerte de Navidad, que fue el primer emplazamiento europeo en América. Un año más tarde, en la parte Este de la isla, Colón fundó la primera ciudad europea en el continente americano: La Isabela.

Para los nuevos colonizadores, el suelo resultó también fértil para los cultivos de café, mango, caña de azúcar, arroz, sorgo, jengibre, maíz y tabaco y para la explotación de madera, oro y ganado. Sus mares proveían abundante pesca. Asimismo, era un excelente punto de control militar y paso comercial, por estar a las entradas del Golfo de México y el Mar Caribe.

Para explotar las riquezas de la isla, la población indígena fue esclavizada y sometida a trabajos forzosos hasta casi hacerla desaparecer. Con todo, 27 años después de su descubrimiento, los menos de 11 000 indígenas sobrevivientes que quedaban, se revelaron y lograron cierto estatus de libertad.

Ante este panorama, los españoles empezaron a comprar gente de África.

A comienzos del siglo XVII, el comercio informal y el contrabando de mercancías con los Países Bajos e Inglaterra, por parte de los criollos españoles de la isla, afecta severamente el monopolio comercial de la corona española, y el gobernador de la isla ordena la despoblación y traslado de cuatro ciudades del norte y oeste de la isla a las proximidades de Santo Domingo, capital.

La isla se queda casi despoblada en esos territorios.

Con el tiempo, esas partes olvidadas de la isla fueron refugio de bucaneros, filibusteros y contrabandistas de origen francés. Con el tiempo esos refugios se convierten en poblados productores de tabaco y piel. Con el tiempo Francia reclama para sí el tercio occidental de la isla.

Con el tiempo y algunos altercados, España lo cede. Desde entonces, la isla queda dividida en dos: Santo Domingo y Saint Domingue.

Con Francia dueña de un tercio de la isla, Saint Domingue se vuelve una las posesiones más rentables de la colonización europea. Las riquezas de Saint Domingue contribuyen al engrandecimiento de la Francia del siglo XVIII. Saint Domingue endulza con su azúcar a la Francia ilustrada. Los franceses del siglo de las luces acaban con la mayoría de la riqueza de Saint Domingue, la deforestan, siembran caña de azúcar de manera intensiva y el suelo pierde fertilidad. Además, generan una sobrepoblación en la Isla. El negocio del esclavismo para la explotación de la isla y la compra-venta de esclavos para su exportación a otros territorios, genera una actividad jugosa y rentable . En Saint Domingue llegan a vivir 300 000 esclavos negros y 12 000 crueles y férreos esclavistas franceses.

Entre 1793 se inicia un tortuoso proceso de emancipación por parte de los esclavos y mulatos libres de Saint Domingue, quienes se enfrentan por igual a españoles, ingleses y franceses. En 1803 los franceses son derrotados y en 1804 Haití proclama su independencia. Los blancos son expulsados o asesinados.

Haití es la segunda nación americana en independizarse. La primera en donde los esclavos logran su independencia, la primera nación en América en abolir la esclavitud y la primera república negra del mundo.

A partir de esa fecha, Haití sufre un larguísimo periodo de aislamiento internacional con bloqueos y embargos comerciales, promovidos por las potencias europeas y los Estados Unidos, que no podían admitir la existencia de un país gobernado por negros, ex-esclavos, lo que implicaba una amenaza a sus propios sistemas y negocios esclavistas.

A partir de esa fecha, negros y mulatos gobiernan el país, y los países metropolitanos se empeñan en probar que los negros son ingobernables e incapaces de gobernarse a sí mismos. Ni siquiera el mismo Simón Bolivar le reconoce su categoría de estado.

A partir de esa fecha, las plantaciones, sin su sustento esclavista, y sin posibilidad de exportación, se van perdiendo y la sociedad vuelve a una economía de subsistencia al estilo africano.

Desde su independencia, Haití sufre una sucesión de conflictos que reflejan las pugnas entre los mulatos y afrodescendientes ricos por hacerse permanentemente del poder y de los beneficios del país, vendiéndose al mejor postor extranjero: 22 presidentes en 73 años, 21 asesinados o depuestos en ese tiempo.

Aún siendo independiente, la población haitiana sufre de un total olvido y una total indefensión.

En 1826, la antigua metrópoli, Francia, condiciona el reconocimiento de la independencia haitiana y el levantamiento del bloqueo económico a cambio de 150 millones de francos-oro. A partir de 1834 tras una negociación, Haití comienza a pagar esa llamada "deuda francesa", para lo cual fueron establecidos impuestos, restablecidas plantaciones y contratados créditos con bancos franceses que sometieron al país a una creciente deuda externa.

En 1867, tras la Guerra de Sesesión que pierden los estados escalvistas, Estados Unidos reconoce al gobierno de Haití. Sin embargo, en 1891, fiel a su voracidad expansionista, los Estados Unidos reclaman de hacerse conceder la punta noroeste del país.

A partir de 1908 Estados Unidos entra en Haití, compra o expropia terrenos, desarrolla plantaciones, construye ferrocarriles en donde le conviene, continúa con la deforestación, establece negocios protegidos. En 1915, Estados Unidos decide controlar el Caribe para evitar la influencia del expansionismo alemán. Haití es lugar estratégico en ese sentido. En 1915, so pretexto de atemperar la inestabilidad política de Haití, Estados Unidos la invade y la convierte en su colonia. A partir de 1915 y hasta 1934, Estados Unidos se apodera de toda la producción de azúcar de Haití, compra su banco central – que pasa a ser una sucursal del Citibank-, controla la emisión de la moneda, controla las finanzas, se lleva todo el oro de las reservas del banco de Haití a Nueva York, colapsa dictaduras, tira presidentes, controla al Parlamento, asegura la promulgación de “leyes progresistas” a su favor, impone dirigentes, recauda impuestos, controla las aduanas, matan líderes rebeldes en las zonas rurales, impone la ley marcial en Puerto Príncipe. En 1934 el presidente Franklin D. Roosevelt ordena el retiro de Haití de las tropas norteamericanas. Las compañías americanas se quedan apoyadas por la burguesía comercial haitiana, el ejército, la iglesia y la burocracia. En 1935 Estados Unidos acepta un plebiscito que extiende el período presidencial del Presidente Vincent hasta 1941.

Después de este año, Haití sufre las mismas convulsiones que ha sufrido a lo largo de su tormentosa historia. En 1946, un golpe militar. En 1956, una huelga general. En 1957, con ayuda financiera y apoyo militar de los Estados Unidos, se establece la dictadura del auto nombrado presidente vitalicio Francois Duvalier. De esta manera, Estados Unidos controla durante 30 años su economía y la posible ingerencia de los soviéticos en su traspatio. En 1971, sucesión de poderes: muere el padre Duvalier, sigue el hijo Duvalier. En 1981, el Banco Mundial impone en los planes económicos del clan Duvalier y sus socios extranjeros, la expansión de las corporaciones privadas y la minimización de los objetivos sociales. Haití gana en analfabetismo, precariedad sanitaria, precariedad legal, inseguridad y desigualdad social. Ganan en ingresos, la élite haitiana y los inversionistas extranjeros.

En 1986, se da una insurrección popular en contra del hijo de Duvalier y el ejército controla el gobierno. Ese año entran los economistas de las metrópolis a reformar Haití para modernizar y liberar su economía. Haití gana en desnutrición, al orientar la producción de las pocas tierras cultivables que le quedan para la exportación y no para el consumo de la población local. El Banco Mundial sigue considerando como prioritarios para sus préstamos, el incremento de los beneficios de los productores estadounidenses y los haitianos ricos y como secundarios los objetivos sociales. Los salarios caen casi en un 60%. Haití sigue ganando en miseria, analfabetismo, inseguridad, desigualdad y precariedad sanitaria.

En 1988 se da primero un derrocamiento y otro golpe militar después. En 1989 cae el muro de Berlín. Estados Unidos ya no necesita invertir en su traspatio. En 1990, otro golpe militar en Haití. En 1991, hay elecciones y otro golpe de estado ultraderechista de las élites haitianas, con el rechazo de los Estados Unidos y la comunidad internacional. Tras este golpe de estado ultraderechsita, en Haití se da más de lo mismo: Estancamiento económico, políticas económicas inapropiadas, inestabilidad política, escasez de tierras cultivables, deterioro ambiental, uso continuo de tecnologías inadecuadas, falta de inversión pública en recursos humanos, migración de grandes grupos de la población calificada laboralmente, una tasa de ahorros débil y endeudamiento externo, represión, pérdida del sistema judicial y autoritarismo. Presión por parte de los países y organismos internacionales para controlar y derribar al gobierno, que no encuentran ya necesario respaldar a la ultraderecha haitiana. Sanciones por parte de Estados Unidos. Embargo de la OEA a todos los bienes de importación, excepto alimentos y medicinas. Con el embargo y las sanciones, pérdida de las escasas fuentes de trabajo. Por ejemplo: el sector del ensamblado en Haití dependiente de Estados Unidos, cae de 35 000 trabajadores en 1991, a 400 en 1994.

En 1994 cae de la dictadura militar. Regresa el presidente derechista depuesto. En 2001 el presidente derechista, elegido libremente por tercera vez, decide dar un giro a la izquierda a la economía de Haití para el beneficio social del país . Establece relaciones con la Cuba castrista y con la Venezuela chavista. Ante el desagrado de Estados Unidos, es derrocado en 2004.

En 2004, tras la deposición del presidente, los “cascos azules” de la ONU ocupan el país. Entra la fuerza multinacional para estabilizar y reencauzar al país. La fuerza esta integrada por efectivos de Estados Unidos, Francia, Chile, Bolivia, Brasil, Canadá, Colombia, Croacia, Ecuador, España, Filipinas, Francia, Guatemala, Jordania, Nepal, Pakistán, Paraguay, Perú, Sri Lanka y Uruguay.

Como se ve Haití, el país más pobre de América, sufre y no ha dejado de sufrir desde hace mucho tiempo: terremotos, ciclones, huracanes, deforestación y contaminación del agua potable. Desde hace mucho tiempo hay carencia de infraestructuras sanitarias y desagüe. Desde hace tiempo no ha dejado de sufrir desempleo y desigualdad social. Desde hace mucho tiempo sufre y no ha dejado de sufrir analfabetismo – más de la mitad de las mujeres haitianas no saben leer ni escribir-, inestabilidad política, ingobernabilidad, ruptura de instituciones, nulidad de sistema judicial e ingerencia de terceros extranjeros en sus asuntos internos. No ha dejado de sufrir el imperio de la fuerza de las milicias, el ejército, las bandas de delincuentes, la policía, los agitadores políticos, la oligarquía comercial y la burocrácia política. Desde hace mucho tiempo el 80% de sus 7.5 millones de habitantes viven con menos de 1 dólar al día. Los haitianos mueren en promedio a los 51 años, lo más probable, de SIDA: 30 000 muertos en 2001. La enfermedad ha dejado ya a 200 000 niños huérfanos, más que ningún terremoto. Desde hace mucho tiempo, el 90 % de los niños tienen parásitos intestinales. Desde hace mucho los niños en Haití mueren de infecciones respiratorias, meningitis, tuberculosis, diarrea, cólera y tifoidea. Desde hace mucho tiempo, diariamente, de los niños menores de 1 año, 80 mueren por cada 1000 que nacen vivos.

Habiendo inundado a Europa y a Estados Unidos de azúcar durante dos siglos, en la actualidad, solamente el 2% de su suelo es fértil.

Hoy, Haití se enfrenta una vez más, como siempre en su tragedia, a otro de esos terremotos que siempre la han convulsionado: 70 000 muertos y 200 000 heridos, con un Gobierno sin infraestructuras y precario, desbordado y sin dinero. Sin hospitales ni agua potable y miles de cadáveres amontonados en las calles, esperando la ayuda generosa de aquellos que nunca la han respetado y que la han expoliado y explotado desde siempre.

lunes, 11 de enero de 2010

Cuento supercorto de año nuevo

Héte aquí tú hoy ¿Cómo ayer?

jueves, 24 de diciembre de 2009

Porque Dios es poesía en la cual se cree

Escuchemos las palabras de un hombre sabio, muy sabio: Don Enrique Miret Magdalena.

“A mis 94 años he llegado a la conclusión de que todo tiene importancia y nada tiene importancia, porque la buena vida sólo consiste en saber aprovecharse tanto de las cosas buenas como de las malas.

He aprendido esto de los grandes sabios antiguos, como Píndaro, y de los modernos, como Ortega y Gasset: lo único decisivo es ser lo que somos porque nuestra realidad, como toda realidad, siempre tiene algo de bueno. También el gran pensador francés André Maurois me enseñó, a fuerza de equivocarme, que "hay que tratar las catástrofes como molestias y jamás las molestias como catástrofes", porque, como afirmaba Tolstoi, "la felicidad no depende de acontecimientos externos, sino de cómo los consideremos".

Hoy es un día especial para mí porque de algún modo reunimos en esta mesa la labor de casi 100 años, por activa o por pasiva, y yo, que soy tan proclive a la sabiduría de Oriente, he acabado por aprender, mal que bien, lo que me ha descubierto y los hechos me han confirmado: "Más vale caminar bien que llegar".

Del mismo modo, tengo que decir que la religión, sin caer en maximalismos ni minimalismos, me ha ayudado mucho en los momentos difíciles. Sostengo que todo lo que has de creer, orar y practicar está contenido en el Padre Nuestro. Y me inspiro en los discípulos próximos a Jesús y en ese pequeño libro del siglo I, la Didajé, que se traduce por Enseñanza o Doctrina y que nos muestra que toda conducta positiva ha de basarse en la regla de oro: "No hagas a los demás lo que no quieras para ti". Igualmente, el Pastor de Hermás nos dijo en el siglo II que "todo el que está alegre obra bien y piensa bien".

La religión en la que creo no es cosa de tristes gruñones, sino apertura y ayuda mutua, que siempre repercutirá en un mundo mejor, sea cual sea nuestro pensamiento: por eso, con el tiempo, mi fe se ha vuelto más sencilla y más dependiente de lo interior y de una conducta abierta a los demás. Porque Dios, lejos de ser un amo exigente, es "poesía en la cual se cree".

Mis años, finalmente, se resumen en lo que debo a mi mujer, que colgó los hábitos científicos para dedicarse a la educación de nuestros hijos y, siempre mirando hacia la izquierda, ayudar a quien lo necesitase”.

Publicado en el Diario "el País" el 24 de diciembre de 2009.

El teólogo Enrique Miret Magdalena falleció el pasado 12 de octubre. Este texto es el que leyó a su familia durante su penúltimo cumpleaños, siguiendo una vieja costumbre que repetía año tras año. De alguna forma, es una síntesis de su manera de ver la vida y de entender el compromiso con los demás.

Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Un sueño para recordar

No me acuerdo de mis sueños.

Ya sé lo que dicen los psicoanalistas al respecto. Pero así es, no me acuerdo de mis sueños. De los 365 sueños que tengo al año, 360 se pasan sin que me acuerde de ellos. De los cinco restantes, los recuerdo en retazos.

Este sábado tuve uno de esos sueños de los que sí me he acordado.

Uno que recordaré para siempre.

Soñé que entraba yo a una de esas tiendas en donde venden toda clase de inciensos, amuletos, sahumerios, esencias, velas y colgajos para evitar a las malas vibras y alejar a los espíritus chocarreros. Uno de esos centros de magia blanca y magia negra que vende filtros para hacer el bien o instructivos que enseñan cómo picotaer muñecos de vudú. El lugar, un poco estrecho pero lo suficientemente espacioso como para poder ver las baratijas exhibidas en sus anaqueles de madera, tenía un ambiente vibrante, misterioso, semi-oscuro, semi-iluminado, con techo bajo y piso también de madera. Unos velos finos de color lila que hacían las veces de puertas corredizas, separaban dos salones. El humo de diferentes inciensos embrumaba y perfumaba el ambiente y la luz de decenas de velas lo hacían más cálido. Afuera hacía frío, adentro daban ansias, angustia. El lugar con todo, resultaba interesante.

Entré a este lugar cargando a mi hijo de meses. Mi esposa y unos amigos que igual podían estar confundidos con algunos familiares, también entraron. Éramos un grupo de diez, o así.

La primera impresión que tuve fue que aquello era un dejá vu repetido “n” número de veces en mí, más que eso, me parecía un repetido dejá fait, un repetido dejá été, o sea, que lo que estaba haciendo ya lo había hecho antes en repetidas ocasiones y que antes también ya había estado en repetidas ocasiones en ese lugar.

Me estremecí.

Cada uno de las 10 personas que entramos a esa tienda empezó a curiosear y a hacer comentarios sobre las baratijas. Fisgoneando, fisgoneando me fui adentrando en la tienda cargando a mi hijo en brazos. Al fondo, encontré una escalera blanca, mal hecha, de escalones disparejos. La escalera daba a una puerta de madera, cerrada. Subí unos cuantos escalones. A medio camino ví al grupo disperso abajo y ellos me vieron arriba.

- ¿Qué vas hacer allá arriba? A ver si no te caes -me dijo mi mujer desde abajo.

- No, que va – le dije.

Pero la sensación de los dejá vu, dejá fait, dejá eté repetidos que volví a sentir en la escalera me produjo una mala sensación en el cuerpo.Subí con mi hijo en brazos con cierto trabajo por lo disparejo de los escalones y abrí la puerta de madera al final de la escalera.Encontré una habitación pequeña, que recordaba a una cabaña de madera en un bosque nórdico. En el piso había una piel gruesa, blanca, como de oso. Una estufa en una esquina del fondo, junto a una ventana con cristales empañados, calentaba la habitación. Había también un pequeño umbral sin puerta que daba a otra habitación más pequeña. En la habitación que me encontraba había una infinidad de amuletos colgados de las paredes y del techo, casi todos de madera, con correas de cuero y plumas, abalorios, sortijas, cadenas, cabellos como pelucas, velas apagadas, piedras semipreciosas. Aquello parecía un puesto de amuletos y antigüedades de un mercadillo, pero dentro de una habitación.

Afuera al otro lado de la puerta, continuaba yo escuchando con claridad al grupo de amigos y familiares, que hacían comentarios sobre lo extraño de aquellas mercancías. La fuerza de esos dejá vu, dejá fait, dejá eté repetidos se intensificó en mí, y me atravesaron el cuerpo de la cabeza a los pies como cientos de fotos rafagueadas.

Sentí miedo. Apreté a mi hijo contra mí pecho.

De pronto, uno de esos amuletos, uno grande con forma de grillo o de cucaracha se movió, agitó sus alas rápidamente, voló hacía la otra habitación y se posó convulsionándose sobre una mesa de trabajo atiborrada de cosas.

- Esto ya lo he vivido mil y un cientos de veces- pensé con miedo, al tiempo que sentí como los bracitos de mi hijo se asían de mi ropa.

El bicho grande y asqueroso aquel continuaba retorciéndose sobre la mesa de una manera verdaderamente desagradable.

Escuché unos pasos.

- ¿Hay alguien ahí? - pregunté

- Si que lo hay – escuché que me contestaron.

Fue entonces que la fuerza de esos dejá vu, dejá fait, dejá eté se convirtió en pánico y las repeticiones reverberaron en mi cabeza hasta el infinito: esto ya lo viví, esto ya lo viví, esto ya lo viví, esto ya lo viví…

Dí unos de pasos hacia delante. Mi hijo se abrazó a mi cuello y volteó a ver desesperado la puerta por la que habíamos entrado.

En la otra habitación, más pequeña, pero igual de abigarrada, ví a un hombre parado al fondo de la habitación, junto a otra ventana, enjuto, de piel muy morena, con el cabello hecho nudos, semidesnudo, que parecía ocultar algo bajo su ropa.El me miró y me clavó en los ojos una mirada malévola, cínica, hipócrita, sádica. Se sonrío con aires de satisfacción, como aquél que sabe que la tiene fácil, que va sobrado, que le lleva ventaja al otro.

-Si que lo hay – repitió.

De pronto, así sin más, sacó de entre su ropa un cuchillo muy grande.

Esto ya lo viví, esto ya lo viví, esto ya lo viví, esto ya lo viví… me dije sin cesar y sentí una descomunal angustia que me recorrió todo el cuerpo. Traté de alcanzar la puerta. Mi hijo se me aferró al cuello.

Grité con todas mis fuerzas pidiéndo socorro. Pedí ayuda como desesperado. Grité con toda mi alma. Grité varias veces, muchas veces, como desquiciado, grité llorando con mi hijo aferrado a mi cuello.

Fue en vano.Sentí un golpe y un dolor muy fuerte en la espalda atrás en el costado derecho, por debajo de las costillas. Sentí otro golpe y un dolor intenso entre los omoplatos. Caí al suelo y cubrí a mi hijo con mi cuerpo para evitar que le hiciera daño.

Lo último que escuché, fueron las risas del grupo de amigos y familiares, al otro lado de la puerta, que hacían comentarios sobre lo extraño de las mercancías en ese lugar.

No me acuerdo de mis sueños.

Este sábado tuve un sueño que recordaré toda mi vida.