miércoles, 20 de enero de 2010

Para hablar de la tragedia

Una tragedia, en su sentido clásico, debe tener un protagonista bueno y valeroso que después de luchar contra toda adversidad, se da cuenta que no puede cambiar su destino. Un protagonista, que persiguiendo una causa noble, cae abatido por su propia naturaleza, aún habiendo cambiado para bien el destino y las circunstancias de los demás.

En el estilo clásico, después de leer una larga historia, nos encontramos que la tragedia no tiene final feliz.

Hoy en día, hablar de tragedias no está bien visto, a menos que se cambie el estilo clásico y se siga el estilo gringo, en donde la tragedia siempre tiene final feliz gracias al poder del amor que todo lo cambia y todo lo puede.

Hablamos del amor al dinero, claro está.

Antes, las tragedias tenían su encanto, porque dejaban ver las contradicciónes internas del protagonista, sus dudas, su nobleza, su voluntad y la convicción de mantener sus valores en la lucha frente a la adversidad. Todo este escenario terminaba haciéndolo grande aún en su derrota final, pues el portagonsita lograba dar trascendencia a sus valores. Hoy, como en este mundo no hay cabida para los perdedores por honorables que sean, las tragedias son lectura basura.

En la actualidad, para que las tragedias llamen la atención, deben ser cercanas en tiempo y en espacio. Una tragedia debe ser intempestiva, súbita, sorprendente e inesperada. Hoy en día, si las tragedias van cargadas de cierto sufrimiento ajeno y algún sentido morboso, con el que nos sintamos conmovidos, funcionan de maravilla.

Una tragedia debe ser un evento de narración corta, impactante, en donde el protagonista se salve y venza. En la tragedia actual, siempre es necesario que se atisbe un halo de esperanza sanadora propia de un vencedor; si no, es basura, nadie la lee.

¿No me creen? Háganse ustedes mismos la prueba.

Aquí tienen dos ejemplos de tragedias.

Ejemplo 1, versión moderna:

Muerte, dolor y caos en Haití.

70 000 muertos, 200 000 heridos, 3 000 000 de afectados tras un terremoto de 7.5 grados.

Varias ciudades totalmente destruidas.

El Gobierno, sin infraestructuras y precario, esta desbordado. La policía incapaz de poner ningún orden.

Aún permanecen cientos de miles de personas bajo los escombros.

Sin hospitales, ni agua potable, miles de cadáveres se amontonan en las calles de Puerto Príncipe.

El aeropuerto colapsado, las vías de comunicación interrumpidas. Las telecomunicaciones nulas.

Se teme que la población muera por epidemias. El 80% de 7.5 millones de haitianos vive en la miseria, sin luz, sin agua, sin alimentos, sin desagüe.

La violencia por falta de comida y desesperación deja las primeras víctimas en Haití.

Impera la ley del más fuerte.

Caos y catástrofe por do quier, aún así surge la luz de la esperanza: una niña de 2 años es rescatada después de estar sepultada 7 días entre los escombros.

La ayuda Internacional no se hace esperar. EUA destina cien millones de dólares y manda 10 000 soldados a la zona para reestablecer el orden y ayudar a los damnificados. Va en camino un portaaviones y un barco hospital con doce quirófanos. La Unión Europea destina 200 millones de euros para su ayuda y envía otro barco hospital. La ONU autoriza el envío de otros 3000 policías.

La comunidad internacional se vuelca en auxilio de este pobre país. Deportistas, toreros, artistas, músicos todos destinan parte de sus ganancias a la causa por Haití.

La ayuda internacional empieza a llegar poco a poco.

“ Después de que pase todo esto. No se olviden a Haití,” clama el condolido Presidente de este país caribeño.

El FMI promete el préstamo de 100 millones de dólares sin intereses, y propone un plan Marshall de reconstrucción a futuro para Haití: "Estamos trabajando para tratar de eliminar la deuda de Haití". Según se informó en la web de la organización.

El mundo se une por la reconstrucción de Haití.

Ahora el ejemplo 2, la versión clásica (ya saben, es larga y de final triste. Ojalá y se animen a leerla):

Antes de 1492, la segunda isla por tamaño en el Caribe, con sus dos penínsulas y un golfo en su parte oeste, no dejaba de ser azotada por los huracanes y ciclones durante la estación de lluvias. Tropical en las costas y fría en las montañas, con un gran lago de agua salada y cuatro planicies entre las montañas, sin ríos navegables, tampoco se salvaba de sufrir terremotos. Era tierra fértil para el cultivo y contaba con abundante madera y oro. Lo que sabían bien el medio millón de habitantes que la poblaban entonces, tres etnias- arawak, caribe y taínos- gobernadas por 5 caciques.

El 5 de diciembre de 1492, Colón bautizó a esta isla como la Española. Días después, construyó El Fuerte de Navidad, que fue el primer emplazamiento europeo en América. Un año más tarde, en la parte Este de la isla, Colón fundó la primera ciudad europea en el continente americano: La Isabela.

Para los nuevos colonizadores, el suelo resultó también fértil para los cultivos de café, mango, caña de azúcar, arroz, sorgo, jengibre, maíz y tabaco y para la explotación de madera, oro y ganado. Sus mares proveían abundante pesca. Asimismo, era un excelente punto de control militar y paso comercial, por estar a las entradas del Golfo de México y el Mar Caribe.

Para explotar las riquezas de la isla, la población indígena fue esclavizada y sometida a trabajos forzosos hasta casi hacerla desaparecer. Con todo, 27 años después de su descubrimiento, los menos de 11 000 indígenas sobrevivientes que quedaban, se revelaron y lograron cierto estatus de libertad.

Ante este panorama, los españoles empezaron a comprar gente de África.

A comienzos del siglo XVII, el comercio informal y el contrabando de mercancías con los Países Bajos e Inglaterra, por parte de los criollos españoles de la isla, afecta severamente el monopolio comercial de la corona española, y el gobernador de la isla ordena la despoblación y traslado de cuatro ciudades del norte y oeste de la isla a las proximidades de Santo Domingo, capital.

La isla se queda casi despoblada en esos territorios.

Con el tiempo, esas partes olvidadas de la isla fueron refugio de bucaneros, filibusteros y contrabandistas de origen francés. Con el tiempo esos refugios se convierten en poblados productores de tabaco y piel. Con el tiempo Francia reclama para sí el tercio occidental de la isla.

Con el tiempo y algunos altercados, España lo cede. Desde entonces, la isla queda dividida en dos: Santo Domingo y Saint Domingue.

Con Francia dueña de un tercio de la isla, Saint Domingue se vuelve una las posesiones más rentables de la colonización europea. Las riquezas de Saint Domingue contribuyen al engrandecimiento de la Francia del siglo XVIII. Saint Domingue endulza con su azúcar a la Francia ilustrada. Los franceses del siglo de las luces acaban con la mayoría de la riqueza de Saint Domingue, la deforestan, siembran caña de azúcar de manera intensiva y el suelo pierde fertilidad. Además, generan una sobrepoblación en la Isla. El negocio del esclavismo para la explotación de la isla y la compra-venta de esclavos para su exportación a otros territorios, genera una actividad jugosa y rentable . En Saint Domingue llegan a vivir 300 000 esclavos negros y 12 000 crueles y férreos esclavistas franceses.

Entre 1793 se inicia un tortuoso proceso de emancipación por parte de los esclavos y mulatos libres de Saint Domingue, quienes se enfrentan por igual a españoles, ingleses y franceses. En 1803 los franceses son derrotados y en 1804 Haití proclama su independencia. Los blancos son expulsados o asesinados.

Haití es la segunda nación americana en independizarse. La primera en donde los esclavos logran su independencia, la primera nación en América en abolir la esclavitud y la primera república negra del mundo.

A partir de esa fecha, Haití sufre un larguísimo periodo de aislamiento internacional con bloqueos y embargos comerciales, promovidos por las potencias europeas y los Estados Unidos, que no podían admitir la existencia de un país gobernado por negros, ex-esclavos, lo que implicaba una amenaza a sus propios sistemas y negocios esclavistas.

A partir de esa fecha, negros y mulatos gobiernan el país, y los países metropolitanos se empeñan en probar que los negros son ingobernables e incapaces de gobernarse a sí mismos. Ni siquiera el mismo Simón Bolivar le reconoce su categoría de estado.

A partir de esa fecha, las plantaciones, sin su sustento esclavista, y sin posibilidad de exportación, se van perdiendo y la sociedad vuelve a una economía de subsistencia al estilo africano.

Desde su independencia, Haití sufre una sucesión de conflictos que reflejan las pugnas entre los mulatos y afrodescendientes ricos por hacerse permanentemente del poder y de los beneficios del país, vendiéndose al mejor postor extranjero: 22 presidentes en 73 años, 21 asesinados o depuestos en ese tiempo.

Aún siendo independiente, la población haitiana sufre de un total olvido y una total indefensión.

En 1826, la antigua metrópoli, Francia, condiciona el reconocimiento de la independencia haitiana y el levantamiento del bloqueo económico a cambio de 150 millones de francos-oro. A partir de 1834 tras una negociación, Haití comienza a pagar esa llamada "deuda francesa", para lo cual fueron establecidos impuestos, restablecidas plantaciones y contratados créditos con bancos franceses que sometieron al país a una creciente deuda externa.

En 1867, tras la Guerra de Sesesión que pierden los estados escalvistas, Estados Unidos reconoce al gobierno de Haití. Sin embargo, en 1891, fiel a su voracidad expansionista, los Estados Unidos reclaman de hacerse conceder la punta noroeste del país.

A partir de 1908 Estados Unidos entra en Haití, compra o expropia terrenos, desarrolla plantaciones, construye ferrocarriles en donde le conviene, continúa con la deforestación, establece negocios protegidos. En 1915, Estados Unidos decide controlar el Caribe para evitar la influencia del expansionismo alemán. Haití es lugar estratégico en ese sentido. En 1915, so pretexto de atemperar la inestabilidad política de Haití, Estados Unidos la invade y la convierte en su colonia. A partir de 1915 y hasta 1934, Estados Unidos se apodera de toda la producción de azúcar de Haití, compra su banco central – que pasa a ser una sucursal del Citibank-, controla la emisión de la moneda, controla las finanzas, se lleva todo el oro de las reservas del banco de Haití a Nueva York, colapsa dictaduras, tira presidentes, controla al Parlamento, asegura la promulgación de “leyes progresistas” a su favor, impone dirigentes, recauda impuestos, controla las aduanas, matan líderes rebeldes en las zonas rurales, impone la ley marcial en Puerto Príncipe. En 1934 el presidente Franklin D. Roosevelt ordena el retiro de Haití de las tropas norteamericanas. Las compañías americanas se quedan apoyadas por la burguesía comercial haitiana, el ejército, la iglesia y la burocracia. En 1935 Estados Unidos acepta un plebiscito que extiende el período presidencial del Presidente Vincent hasta 1941.

Después de este año, Haití sufre las mismas convulsiones que ha sufrido a lo largo de su tormentosa historia. En 1946, un golpe militar. En 1956, una huelga general. En 1957, con ayuda financiera y apoyo militar de los Estados Unidos, se establece la dictadura del auto nombrado presidente vitalicio Francois Duvalier. De esta manera, Estados Unidos controla durante 30 años su economía y la posible ingerencia de los soviéticos en su traspatio. En 1971, sucesión de poderes: muere el padre Duvalier, sigue el hijo Duvalier. En 1981, el Banco Mundial impone en los planes económicos del clan Duvalier y sus socios extranjeros, la expansión de las corporaciones privadas y la minimización de los objetivos sociales. Haití gana en analfabetismo, precariedad sanitaria, precariedad legal, inseguridad y desigualdad social. Ganan en ingresos, la élite haitiana y los inversionistas extranjeros.

En 1986, se da una insurrección popular en contra del hijo de Duvalier y el ejército controla el gobierno. Ese año entran los economistas de las metrópolis a reformar Haití para modernizar y liberar su economía. Haití gana en desnutrición, al orientar la producción de las pocas tierras cultivables que le quedan para la exportación y no para el consumo de la población local. El Banco Mundial sigue considerando como prioritarios para sus préstamos, el incremento de los beneficios de los productores estadounidenses y los haitianos ricos y como secundarios los objetivos sociales. Los salarios caen casi en un 60%. Haití sigue ganando en miseria, analfabetismo, inseguridad, desigualdad y precariedad sanitaria.

En 1988 se da primero un derrocamiento y otro golpe militar después. En 1989 cae el muro de Berlín. Estados Unidos ya no necesita invertir en su traspatio. En 1990, otro golpe militar en Haití. En 1991, hay elecciones y otro golpe de estado ultraderechista de las élites haitianas, con el rechazo de los Estados Unidos y la comunidad internacional. Tras este golpe de estado ultraderechsita, en Haití se da más de lo mismo: Estancamiento económico, políticas económicas inapropiadas, inestabilidad política, escasez de tierras cultivables, deterioro ambiental, uso continuo de tecnologías inadecuadas, falta de inversión pública en recursos humanos, migración de grandes grupos de la población calificada laboralmente, una tasa de ahorros débil y endeudamiento externo, represión, pérdida del sistema judicial y autoritarismo. Presión por parte de los países y organismos internacionales para controlar y derribar al gobierno, que no encuentran ya necesario respaldar a la ultraderecha haitiana. Sanciones por parte de Estados Unidos. Embargo de la OEA a todos los bienes de importación, excepto alimentos y medicinas. Con el embargo y las sanciones, pérdida de las escasas fuentes de trabajo. Por ejemplo: el sector del ensamblado en Haití dependiente de Estados Unidos, cae de 35 000 trabajadores en 1991, a 400 en 1994.

En 1994 cae de la dictadura militar. Regresa el presidente derechista depuesto. En 2001 el presidente derechista, elegido libremente por tercera vez, decide dar un giro a la izquierda a la economía de Haití para el beneficio social del país . Establece relaciones con la Cuba castrista y con la Venezuela chavista. Ante el desagrado de Estados Unidos, es derrocado en 2004.

En 2004, tras la deposición del presidente, los “cascos azules” de la ONU ocupan el país. Entra la fuerza multinacional para estabilizar y reencauzar al país. La fuerza esta integrada por efectivos de Estados Unidos, Francia, Chile, Bolivia, Brasil, Canadá, Colombia, Croacia, Ecuador, España, Filipinas, Francia, Guatemala, Jordania, Nepal, Pakistán, Paraguay, Perú, Sri Lanka y Uruguay.

Como se ve Haití, el país más pobre de América, sufre y no ha dejado de sufrir desde hace mucho tiempo: terremotos, ciclones, huracanes, deforestación y contaminación del agua potable. Desde hace mucho tiempo hay carencia de infraestructuras sanitarias y desagüe. Desde hace tiempo no ha dejado de sufrir desempleo y desigualdad social. Desde hace mucho tiempo sufre y no ha dejado de sufrir analfabetismo – más de la mitad de las mujeres haitianas no saben leer ni escribir-, inestabilidad política, ingobernabilidad, ruptura de instituciones, nulidad de sistema judicial e ingerencia de terceros extranjeros en sus asuntos internos. No ha dejado de sufrir el imperio de la fuerza de las milicias, el ejército, las bandas de delincuentes, la policía, los agitadores políticos, la oligarquía comercial y la burocrácia política. Desde hace mucho tiempo el 80% de sus 7.5 millones de habitantes viven con menos de 1 dólar al día. Los haitianos mueren en promedio a los 51 años, lo más probable, de SIDA: 30 000 muertos en 2001. La enfermedad ha dejado ya a 200 000 niños huérfanos, más que ningún terremoto. Desde hace mucho tiempo, el 90 % de los niños tienen parásitos intestinales. Desde hace mucho los niños en Haití mueren de infecciones respiratorias, meningitis, tuberculosis, diarrea, cólera y tifoidea. Desde hace mucho tiempo, diariamente, de los niños menores de 1 año, 80 mueren por cada 1000 que nacen vivos.

Habiendo inundado a Europa y a Estados Unidos de azúcar durante dos siglos, en la actualidad, solamente el 2% de su suelo es fértil.

Hoy, Haití se enfrenta una vez más, como siempre en su tragedia, a otro de esos terremotos que siempre la han convulsionado: 70 000 muertos y 200 000 heridos, con un Gobierno sin infraestructuras y precario, desbordado y sin dinero. Sin hospitales ni agua potable y miles de cadáveres amontonados en las calles, esperando la ayuda generosa de aquellos que nunca la han respetado y que la han expoliado y explotado desde siempre.

lunes, 11 de enero de 2010

Cuento supercorto de año nuevo

Héte aquí tú hoy ¿Cómo ayer?

jueves, 24 de diciembre de 2009

Porque Dios es poesía en la cual se cree

Escuchemos las palabras de un hombre sabio, muy sabio: Don Enrique Miret Magdalena.

“A mis 94 años he llegado a la conclusión de que todo tiene importancia y nada tiene importancia, porque la buena vida sólo consiste en saber aprovecharse tanto de las cosas buenas como de las malas.

He aprendido esto de los grandes sabios antiguos, como Píndaro, y de los modernos, como Ortega y Gasset: lo único decisivo es ser lo que somos porque nuestra realidad, como toda realidad, siempre tiene algo de bueno. También el gran pensador francés André Maurois me enseñó, a fuerza de equivocarme, que "hay que tratar las catástrofes como molestias y jamás las molestias como catástrofes", porque, como afirmaba Tolstoi, "la felicidad no depende de acontecimientos externos, sino de cómo los consideremos".

Hoy es un día especial para mí porque de algún modo reunimos en esta mesa la labor de casi 100 años, por activa o por pasiva, y yo, que soy tan proclive a la sabiduría de Oriente, he acabado por aprender, mal que bien, lo que me ha descubierto y los hechos me han confirmado: "Más vale caminar bien que llegar".

Del mismo modo, tengo que decir que la religión, sin caer en maximalismos ni minimalismos, me ha ayudado mucho en los momentos difíciles. Sostengo que todo lo que has de creer, orar y practicar está contenido en el Padre Nuestro. Y me inspiro en los discípulos próximos a Jesús y en ese pequeño libro del siglo I, la Didajé, que se traduce por Enseñanza o Doctrina y que nos muestra que toda conducta positiva ha de basarse en la regla de oro: "No hagas a los demás lo que no quieras para ti". Igualmente, el Pastor de Hermás nos dijo en el siglo II que "todo el que está alegre obra bien y piensa bien".

La religión en la que creo no es cosa de tristes gruñones, sino apertura y ayuda mutua, que siempre repercutirá en un mundo mejor, sea cual sea nuestro pensamiento: por eso, con el tiempo, mi fe se ha vuelto más sencilla y más dependiente de lo interior y de una conducta abierta a los demás. Porque Dios, lejos de ser un amo exigente, es "poesía en la cual se cree".

Mis años, finalmente, se resumen en lo que debo a mi mujer, que colgó los hábitos científicos para dedicarse a la educación de nuestros hijos y, siempre mirando hacia la izquierda, ayudar a quien lo necesitase”.

Publicado en el Diario "el País" el 24 de diciembre de 2009.

El teólogo Enrique Miret Magdalena falleció el pasado 12 de octubre. Este texto es el que leyó a su familia durante su penúltimo cumpleaños, siguiendo una vieja costumbre que repetía año tras año. De alguna forma, es una síntesis de su manera de ver la vida y de entender el compromiso con los demás.

Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Un sueño para recordar

No me acuerdo de mis sueños.

Ya sé lo que dicen los psicoanalistas al respecto. Pero así es, no me acuerdo de mis sueños. De los 365 sueños que tengo al año, 360 se pasan sin que me acuerde de ellos. De los cinco restantes, los recuerdo en retazos.

Este sábado tuve uno de esos sueños de los que sí me he acordado.

Uno que recordaré para siempre.

Soñé que entraba yo a una de esas tiendas en donde venden toda clase de inciensos, amuletos, sahumerios, esencias, velas y colgajos para evitar a las malas vibras y alejar a los espíritus chocarreros. Uno de esos centros de magia blanca y magia negra que vende filtros para hacer el bien o instructivos que enseñan cómo picotaer muñecos de vudú. El lugar, un poco estrecho pero lo suficientemente espacioso como para poder ver las baratijas exhibidas en sus anaqueles de madera, tenía un ambiente vibrante, misterioso, semi-oscuro, semi-iluminado, con techo bajo y piso también de madera. Unos velos finos de color lila que hacían las veces de puertas corredizas, separaban dos salones. El humo de diferentes inciensos embrumaba y perfumaba el ambiente y la luz de decenas de velas lo hacían más cálido. Afuera hacía frío, adentro daban ansias, angustia. El lugar con todo, resultaba interesante.

Entré a este lugar cargando a mi hijo de meses. Mi esposa y unos amigos que igual podían estar confundidos con algunos familiares, también entraron. Éramos un grupo de diez, o así.

La primera impresión que tuve fue que aquello era un dejá vu repetido “n” número de veces en mí, más que eso, me parecía un repetido dejá fait, un repetido dejá été, o sea, que lo que estaba haciendo ya lo había hecho antes en repetidas ocasiones y que antes también ya había estado en repetidas ocasiones en ese lugar.

Me estremecí.

Cada uno de las 10 personas que entramos a esa tienda empezó a curiosear y a hacer comentarios sobre las baratijas. Fisgoneando, fisgoneando me fui adentrando en la tienda cargando a mi hijo en brazos. Al fondo, encontré una escalera blanca, mal hecha, de escalones disparejos. La escalera daba a una puerta de madera, cerrada. Subí unos cuantos escalones. A medio camino ví al grupo disperso abajo y ellos me vieron arriba.

- ¿Qué vas hacer allá arriba? A ver si no te caes -me dijo mi mujer desde abajo.

- No, que va – le dije.

Pero la sensación de los dejá vu, dejá fait, dejá eté repetidos que volví a sentir en la escalera me produjo una mala sensación en el cuerpo.Subí con mi hijo en brazos con cierto trabajo por lo disparejo de los escalones y abrí la puerta de madera al final de la escalera.Encontré una habitación pequeña, que recordaba a una cabaña de madera en un bosque nórdico. En el piso había una piel gruesa, blanca, como de oso. Una estufa en una esquina del fondo, junto a una ventana con cristales empañados, calentaba la habitación. Había también un pequeño umbral sin puerta que daba a otra habitación más pequeña. En la habitación que me encontraba había una infinidad de amuletos colgados de las paredes y del techo, casi todos de madera, con correas de cuero y plumas, abalorios, sortijas, cadenas, cabellos como pelucas, velas apagadas, piedras semipreciosas. Aquello parecía un puesto de amuletos y antigüedades de un mercadillo, pero dentro de una habitación.

Afuera al otro lado de la puerta, continuaba yo escuchando con claridad al grupo de amigos y familiares, que hacían comentarios sobre lo extraño de aquellas mercancías. La fuerza de esos dejá vu, dejá fait, dejá eté repetidos se intensificó en mí, y me atravesaron el cuerpo de la cabeza a los pies como cientos de fotos rafagueadas.

Sentí miedo. Apreté a mi hijo contra mí pecho.

De pronto, uno de esos amuletos, uno grande con forma de grillo o de cucaracha se movió, agitó sus alas rápidamente, voló hacía la otra habitación y se posó convulsionándose sobre una mesa de trabajo atiborrada de cosas.

- Esto ya lo he vivido mil y un cientos de veces- pensé con miedo, al tiempo que sentí como los bracitos de mi hijo se asían de mi ropa.

El bicho grande y asqueroso aquel continuaba retorciéndose sobre la mesa de una manera verdaderamente desagradable.

Escuché unos pasos.

- ¿Hay alguien ahí? - pregunté

- Si que lo hay – escuché que me contestaron.

Fue entonces que la fuerza de esos dejá vu, dejá fait, dejá eté se convirtió en pánico y las repeticiones reverberaron en mi cabeza hasta el infinito: esto ya lo viví, esto ya lo viví, esto ya lo viví, esto ya lo viví…

Dí unos de pasos hacia delante. Mi hijo se abrazó a mi cuello y volteó a ver desesperado la puerta por la que habíamos entrado.

En la otra habitación, más pequeña, pero igual de abigarrada, ví a un hombre parado al fondo de la habitación, junto a otra ventana, enjuto, de piel muy morena, con el cabello hecho nudos, semidesnudo, que parecía ocultar algo bajo su ropa.El me miró y me clavó en los ojos una mirada malévola, cínica, hipócrita, sádica. Se sonrío con aires de satisfacción, como aquél que sabe que la tiene fácil, que va sobrado, que le lleva ventaja al otro.

-Si que lo hay – repitió.

De pronto, así sin más, sacó de entre su ropa un cuchillo muy grande.

Esto ya lo viví, esto ya lo viví, esto ya lo viví, esto ya lo viví… me dije sin cesar y sentí una descomunal angustia que me recorrió todo el cuerpo. Traté de alcanzar la puerta. Mi hijo se me aferró al cuello.

Grité con todas mis fuerzas pidiéndo socorro. Pedí ayuda como desesperado. Grité con toda mi alma. Grité varias veces, muchas veces, como desquiciado, grité llorando con mi hijo aferrado a mi cuello.

Fue en vano.Sentí un golpe y un dolor muy fuerte en la espalda atrás en el costado derecho, por debajo de las costillas. Sentí otro golpe y un dolor intenso entre los omoplatos. Caí al suelo y cubrí a mi hijo con mi cuerpo para evitar que le hiciera daño.

Lo último que escuché, fueron las risas del grupo de amigos y familiares, al otro lado de la puerta, que hacían comentarios sobre lo extraño de las mercancías en ese lugar.

No me acuerdo de mis sueños.

Este sábado tuve un sueño que recordaré toda mi vida.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Los otros yoes

Hace muchos años, se puso de moda un psico-test.

De psico-test no tenía nada. Servía más para ligar que para otra cosa.

Todo mundo se lo sabía y todo mundo lo utilizaba para lo mismo.

El test consistía en lo siguiente.

Se le pedía al susodicho analizado, o analizada, que nombrara tres animales. Según esto, las características de los animales nombrados correspondían, según el orden en que los habían dicho, a lo siguiente:

a) Al yo que creía ser.

b) Al yo que los otros veíamos en él o ella.

c) Al yo que realmente era.

Por ejemplo, si alguien decía:

1) León

2) Oso

3) Águila

Pues entonces se podían decir exquisiteces de su personalidad. Por ejemplo, como que el analizado tenía una fuerte personalidad congruente tanto interna como externamente, tendiente más a la asertividad que a la pasividad. Admirable, envidiable, magnánima e independiente.

Lo curioso es que las más de las veces los animales se repetían y todo mundo tenía personalidades de león, pantera, águila, jaguar, gorila, tigre, oso, lobo, caballo, tiburón, cóndor, golondrina, gaviota y paloma. Porque a nadie se le ocurría decir, por ejemplo: rata almizclera, musaraña, víbora; o mula, zorrillo, tarántula; o burro, cerdo, búfalo y sin embargo si que te encontrabas -y te sigues encontrando - a esos “yoes” deambulando libremente por las calles de la ciudad (a que sí).

Lo que cambiaba -y mucho- era la interpretación de la personalidad que cada pseudopsicólogo(a) daba a sus analizados. Interpretación que variaba incluso, aunque dos personas dijeran exactamente los mismos animales en el mismo orden, en el mismo lugar y en la misma reunión, disco, antro o cantina.

De mí, yo siempre decía: lobo, nutria, delfín.

En aquél entonces -como ahora- yo resultaba muy creativo cuando se trataba de inventarse tonterías, así es que me inventé nuevas modalidades de tests para analizarme y analizar a los demás. Mis tests limitaban las categorías que definían las personalidades a sólo tres nombres de flores, o sólo tres de árboles, o sólo tres de cáctuses, o sólo tres de peces, o de primates, o de felinos, o de minerales. Lo último fue un test con sólo tres elementos de la tabla periódica. Pero dio lo mismo, porque los sustantivos categóricos en los test se repetían ad infinitum et ad cursileriam (rosa, rosae, rosam, roble, caoba, pino, oro, plata, platino, rubí, diamante, esmeralda…). Nunca escuché, por ejemplo: Molibdeno,Hidrógeno,Arsénico; o azabache,tezontle,aragonito; y mucho menos maguey, nopal, peyote. Una vez sí, un mamón me dijo piedra, papel o tijera. A mí me hizo mucha gracia y a él no tanto cuando le explique de lo que se trataba.

Hoy rememorando aquél juego, lo encuentro más divertido, porque dada su evidentísima falta de seriedad, las categorías de análisis para este psico-test pueden ser tantas, tan diversas, tan abiertas o tan cerradas, como a cada uno le dé su imaginación y según las ganas que tenga uno de perder el tiempo.

Eso sí, les digo, lo más divertido siempre son las interpretaciones que se pueden llegar a hacer.

Hoy preguntaría, por ejemplo, por tres psicopompos y que cada uno se haga su propia interpretación.